Regresaron los Niños de la Calle

Regresaron los niños de la Calle Psicologa: Deanna Albano En los años 90 en Venezuela se hizo evidente la presencia de niños y niñas en las calles de las principales ciudades como resultado de la crisis de estructuras sociales y familiares, y como último eslabón de una cadena de pobreza, como símbolo de la exclusión de las instituciones tradicionales: la familia, la escuela, los centros de atención, la comunidad. Los muchachos de la calle, el sector de la población más vulnerado en sus derechos en cuanto a educación y servicios básicos, pierde oportunidades de formación y capacitación, y su nivel de escolaridad es muy bajo y por ende menos capacitado para el trabajo. En definitiva son niños en lucha por la sobre vivencia en un medio urbano, y por ello se ven obligados a recurrir a estrategias, tan diversas que van desde la mendicidad hasta casos extremos como la ocurrencia de hechos ilegales, en la mayoría de los casos inducidos por adultos. Sin embargo, desde un punto de vista educativo todos conforman parte de los niños ausentes, en mayor o menor grado, del sistema escolar es decir que no están a cargo de ninguna institución para su formación e integración. (UNESCO, 1995:17) En la calle un “circulo vicioso” rodea a estos muchachos, empezando por el adulto que lo induce a cometer delitos, la madre que le acepta el dinero y objetos para la casa, como la nevera que siempre soñó, sin preguntar el origen del dinero. El policía que le quita la mercancía o el dinero sustraído, y lo deja ir libre. El comerciante comprador de los objetos robados. El de la recuperadora de metales le compra los objetos y le paga con drogas. Cuando el muchacho es detenido, muchas veces sin entender el porqué, es recluido en una institución que no tiene talleres de formación laboral, no tiene espacios educativos, no tienen biblioteca y mucho menos personal especializado para atenderlo En esa institución son violados sus derechos a la salud, a la educación, al uso del tiempo libre. Y un elemento importante se olvida su condición humana. El Estado intentó abordar esta problemática, hubo una considerable movilización de recursos humanos y financieros, los esfuerzos fueron visibles y notorios. En la década de los noventa hubo una explosión de acciones, intervenciones, proyectos, programas, planes de política social a favor de la infancia. Con el propósito de proporcionar un marco legal al niño y adolescente, se promulgaron leyes, surgieron y se desarrollaron importantes contribuciones a la definición de políticas públicas para la protección de la infancia y la familia. Igualmente hubo una efervescencia de modelos de intervención. Numerosos congresos, sobre los derechos de los niños, seminarios, foros, innumerables folletos, trípticos, videos, dieron cuenta de una gran cantidad de proyectos a favor de los niños de la calle. Sin embargo la mayoría de estos programas no arrojaron los resultados esperados, algunos fracasaron u tuvieron que reformular sus objetivos. El motivo fundamental fué la ausencia de investigaciones que proporcionaran la información necesaria para prevenir la situación de los niños que hacen de la calle su forma de vida. Por otra parte la promulgada Ley Orgánica de Protección para el Niño y Adolescente ( LOPNA 2000) que si bien es bastante completa en su formulación, y hay que reconocer que la LOPNA representa un avance jurídico incuestionable, sin embargo en la práctica sostenida a través de los últimos años, la situación de la infancia y adolescencia y en especial de los niños de la calle y de los niños trabajadores en la calle Si bien el conocimiento de los niños en circunstancias especialmente difíciles aumentó, por otra parte se acentuó la brecha entre la magnitud del problema y la capacidad de respuesta de los organismos competentes. Pero además con la primera reforma de la LOPNA, en 2007, se eliminó la participación de la sociedad civil, se aniquiló el Sistema de responsabilidad penal del adolescente, y como consecuencia: no mejoraron las condiciones que enfrentan los niños y adolescentes en conflicto con la ley, que requieren de una medida de privación de libertad. No se garantiza un mejor trato para ellos de parte de las autoridades policiales y las mismas no están capacitadas para la atención a estos adolescentes. No se cuenta con instituciones, locales y personal especializado para una adecuada atención de esta población y tampoco se cumplen las medidas no privativas de libertad que establece la LOPNA, Tampoco se asignaron recursos suficientes para atender con programas y proyectos no sólo a este grupo complejo en formación humana, sino que el resto de iniciativas para la prevención con políticas educativas, sociales, asistenciales, recreativas y culturales, fueron desmanteladas en toda su concepción administrativa y jurídica. Con la segunda reforma de la LOPNA en 2015 en lugar de fortalecer el Sistema de Protección, sucedió todo lo contrario y se debilito mucho más, y lo más grave se esfumó la responsabilidad de un ente Rector encargado del diseño de politicas publicas a favor de la niñez, y mucho menos de evaluar los programas. . A lo largo de los últimos años aparentemente disminuyó el interés hacia los niños de la calle, al cambiar de nombre hacia niños de la patria. Esta población perdió visibilidad, por la brutal represión de la policia y los muchachos se replegaron a los barrios. Aumentaron los homicidios de niños y adolescentes. En fecha reciente 19 de Marzo un hecho lamentable acaecido en horas de la madrugada en el bulevar de Sabana Grande, cuando un grupo de niños y adolescentes presuntamente involucrados en la muerte de dos funcionarios de la Guardia Nacional, fueron detenidos por las autoridades. La adolescente supuestamente implicada fue reseñada por los medios impresos esposada y con la cara descubierta, contraviniendo lo establecido en el Articulo 65 de la LOPNA y vulnerando sus derechos de privacidad. Lo más grave fue la falta de ética de supuestos periodistas al reseñar la noticias con infelices y desafortunados titulares. El drama de los niños de la calle, convertidos por la prensa, en sanguinarios vicitimarios, irrumpió en la conciencia de la sociedad, ocupando multiples espacios, pero nadie se preguntó: ¿Dónde están esos programas gubernamentales que efectivamente encaucen a nuestros niños, niñas y jóvenes a ser verdaderos revolucionarios de la cultura de la vida, de la paz, del progreso y no de la cultura de la muerte que los lleven a matar, a delinquir, a tomar las armas para defender una patria que los asesina cobardemente y los priva de la posibilidad de vivir? Este pequeño grupo niños y adolescentes privados de sus derechos a la vivienda, salud, educación, a vivir en familia y ahora despojados de sus necesidades de un juicio justo y sin derecho a la defensa, lamentablemente no serán atendidos por un personal especializado, ni serán referidos a una institución adecuada porque simplemente no existen.